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Tanto la catarata como el glaucoma pueden provocar una pérdida de visión, pero son enfermedades distintas, con causas y pronósticos diferentes. Aun así, se relacionan entre sí de varias formas que conviene conocer. Te lo explicamos con detalle y con base en la evidencia científica actual.

Diferencias entre catarata y glaucoma: la primera opacifica el cristalino, el segundo daña el nervio óptico. Ilustración esquemática creada con apoyo de herramientas digitales, bajo la supervisión y revisión del Dr. Rodríguez Ratón.
La diferencia principal está en los síntomas: con la catarata se nota una pérdida de visión general y progresiva, mientras que el glaucoma daña primero la visión periférica y solo en fases avanzadas la central. Por eso, en sus estadios iniciales el glaucoma no suele notarse, y ahí radica buena parte de su gravedad.
Otra diferencia está en el origen. La catarata se debe al oscurecimiento progresivo del cristalino, la lente natural con la que nacemos. El glaucoma, en cambio, es un daño del nervio óptico relacionado con factores como una tensión ocular elevada, la edad, los antecedentes familiares, la miopía elevada o determinados problemas vasculares.
Son, por tanto, enfermedades de causa distinta e independiente. Aun así, como veremos, pueden relacionarse entre sí en determinados casos.

La principal ventaja de la catarata es que la visión se recupera tras la intervención. En la operación de cataratas se extrae el cristalino opacificado mediante ultrasonidos (facoemulsificación) y se implanta en su lugar una lente intraocular artificial, que además puede corregir defectos de graduación como la miopía, la hipermetropía, el astigmatismo o la vista cansada.
En el glaucoma, por el contrario, el daño del nervio óptico es irreversible. Por eso es clave la detección precoz: el tratamiento (colirios, láser o cirugía para reducir la tensión ocular) busca frenar la progresión, no revertir lo ya perdido.
Sí, y en varios sentidos. Repasamos las conexiones más relevantes, todas ellas bien documentadas en la literatura científica.

Cuando una catarata madura aumenta de tamaño (se vuelve intumescente), puede empujar el iris hacia delante y estrechar u obstruir el ángulo por el que drena el humor acuoso, el líquido interno del ojo.
Si ese drenaje se bloquea de forma brusca, la tensión ocular se dispara y aparece un cuadro agudo, doloroso y urgente conocido como glaucoma facomórfico, una forma de glaucoma de ángulo cerrado secundaria al cristalino.
Es más frecuente cuando la catarata se deja evolucionar demasiado, y su tratamiento definitivo es, precisamente, la cirugía de catarata.
En algunos pacientes existe un trastorno llamado síndrome de pseudoexfoliación, en el que se deposita un material anómalo sobre el cristalino, el iris y las estructuras de drenaje del ojo.
Estas personas tienden a desarrollar cataratas y, al mismo tiempo, tienen un riesgo notablemente mayor de glaucoma: de hecho, la pseudoexfoliación es la causa identificable más frecuente de glaucoma de ángulo abierto secundario en el mundo.
Suele ser un glaucoma más agresivo y con mayores fluctuaciones de presión, por lo que en estos casos la valoración por un oftalmólogo con experiencia es especialmente importante, también de cara a planificar una cirugía de catarata que en estos ojos requiere una técnica más cuidadosa. Si te han detectado tensión ocular alta o una catarata que avanza, pedir una valoración completa permite descartar este tipo de situaciones antes de plantear cualquier cirugía.

Existe también una relación en sentido favorable. Al retirar el voluminoso cristalino y sustituirlo por una fina lente artificial, el humor acuoso vuelve a drenar con más facilidad y la tensión ocular tiende a bajar.
En pacientes con hipertensión ocular, la cirugía de catarata se asocia a un descenso medio de la presión de en torno al 16 %; y en el glaucoma de ángulo cerrado la evidencia es aún más contundente: el estudio EAGLE demostró que extraer el cristalino (incluso cuando aún es transparente) es más eficaz que el tratamiento con láser como primera opción, con mejor control de la presión y menor necesidad de colirios.
Por eso, en pacientes seleccionados, la operación de cataratas aporta un beneficio añadido: además de recuperar la visión, ayuda a controlar la tensión ocular y puede reducir el número de fármacos para el glaucoma.
Hay un motivo más para no demorar la cirugía cuando está indicada: la catarata enturbia la visión y dificulta realizar e interpretar las pruebas con las que evaluamos el glaucoma, como el campo visual o el estudio del nervio óptico.
Operar la catarata permite valorar y seguir el glaucoma con mucha mayor fiabilidad.
Es decir, hay pacientes en los que recomendamos intervenir la catarata también como medida que ayuda a prevenir o controlar el glaucoma. La decisión siempre es individual y depende de una exploración completa.
Esperamos que esta información te haya resultado útil para entender la relación entre la catarata y el glaucoma. Como el glaucoma no da síntomas en sus fases iniciales, la única forma de detectarlo a tiempo es la revisión: conviene hacerse un examen oftalmológico completo a partir de los 40 años, y antes si hay antecedentes familiares. Si notas pérdida de visión, dolor ocular o simplemente hace años que no te revisas la vista, puedes pedir cita en nuestras consultas de Bilbao o Getxo.
Es normal que surjan dudas sobre la relación entre la catarata y el glaucoma. Por eso, a continuación respondemos a las preguntas más frecuentes para ayudarte a entender sus diferencias, cómo pueden influirse entre sí y qué opciones de tratamiento existen en cada caso.
No. Son procesos distintos e independientes: la catarata opacifica el cristalino y el glaucoma daña el nervio óptico. Solo en situaciones concretas llegan a influirse entre sí.
En casos concretos sí. Una catarata muy avanzada puede estrechar el drenaje del ojo y elevar la presión, y trastornos como la pseudoexfoliación favorecen a la vez la catarata y el glaucoma.
Sí. En pacientes seleccionados es posible combinar en un mismo acto la cirugía de catarata con técnicas que reducen la presión ocular; la indicación depende del tipo y el estadio de cada caso.
Habitualmente sí: al retirar el cristalino voluminoso mejora el drenaje y la presión tiende a descender, un beneficio añadido especialmente útil en la hipertensión ocular y en el glaucoma de ángulo cerrado.
Es una subida brusca y dolorosa de la tensión ocular provocada por una catarata muy madura que cierra el ángulo de drenaje. Es una urgencia y su tratamiento definitivo es operar la catarata.
Sí. Es la causa identificable más frecuente de glaucoma de ángulo abierto secundario; suele ser más agresiva y requiere seguimiento estrecho y una cirugía de catarata más cuidadosa.
Azuara-Blanco A, Burr J, Ramsay C, et al. Effectiveness of early lens extraction for the treatment of primary angle-closure glaucoma (EAGLE): a randomised controlled trial. The Lancet, 2016; 388(10052): 1389-1397. DOI: 10.1016/S0140-6736(16)30956-4.
Mansberger SL, Gordon MO, Jampel H, et al. Reduction in intraocular pressure after cataract extraction: the Ocular Hypertension Treatment Study. Ophthalmology, 2012; 119(9): 1826-1831. DOI: 10.1016/j.ophtha.2012.02.050.
Tuteja S, Zeppieri M, Chawla H. Pseudoexfoliation Syndrome and Glaucoma. StatPearls, actualizado el 31 de mayo de 2023. Treasure Island (FL): StatPearls Publishing.
American Academy of Ophthalmology. Phacomorphic Glaucoma. EyeWiki. Referencia profesional.
Director del Instituto Oftalmológico Rodríguez Ratón (IORR). Especialista en Oftalmología desde 2013, con especial dedicación a la cirugía de cataratas y presbicia con lentes intraoculares premium.
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